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Apoyo Psicológico Coronavirus
ACOMPAÑAMIENTO PSICOLÓGICO PARA CUIDAR A LOS PROFESIONALES SANITARIOS

La situación de pandemia es difícil para todos, pero aún lo es más para vosotros, nuestros profesionales sanitarios.
En un momento en que la sociedad entera depende de la gran labor que estáis realizando, desde los Servicios de Salud Mental queremos informaros acerca de pequeños gestos de autocuidado emocional que pueden aliviar la respuesta de sobrecarga emocional ante la presencia de estresores tan potentes como los que estáis viviendo estos días.

PROTÉGETE PARA SEGUIR AYUDANDO

  • Si notas síntomas de infección por COVID 19 o por otras patologías, no vayas a trabajar. Pide ayuda y sigue el protocolo como un paciente más.
  • Ten en cuenta tus propias condiciones de salud. Es posible que pertenezcas a un grupo de riesgo. Si es así, infórmalo y tenlo en cuenta a la hora de exponerte.
  • Mantente informado por cauces oficiales. Haz un buen filtrado de la información e intenta desestimar la información que venga por otras fuentes. La situación es cambiante día a día y es importante que sepas las pautas y protocolos que han de seguirse.
  • Pero desconecta de la información unas horas al día, intenta no escuchar demasiadas noticias por los medios de comunicación. Omite la información que viene de fuentes no fiables.
  • Si durante el turno sientes ansiedad o bloqueo, pide ayuda. Todos tenemos limitaciones y tus compañeros, superiores, algún profesional de la salud mental te podrán ayudar. Os ayudareis los unos a los otros.

GESTIONA EL ESTRÉS

  • Intentad reducir las horas y los turnos de trabajo en los equipos en la medida de lo posible. Haz periodos de descanso regulares a lo largo de la jornada, pese a la carga asistencial. Cuando empezamos a mostrar signos de agotamiento es cuando cometemos errores y cuando ponemos más en riesgo nuestra salud y la de los pacientes.
  • Respeta, en la medida de lo posible, los horarios, las horas de sueño, las comidas, hidrátate. Evita alcohol, estimulantes, nicotina o cafeína.
  • En la medida de lo posible, intenta no abandonar las actividades y rutinas que te ayudan en tu día a día normal a afrontar la sobrecarga emocional. Cada uno sabe lo que le ayuda: ejercicio, aficiones, hablar con personas de confianza, distracciones…
  • Piensa en anteriores experiencias que te hayan supuesto para ti un desgaste y cómo las has ido superando. Lo que a ti te ha servido es a lo que más te puedes agarrar. Confía en tu capacidad de afrontamiento. No es la primera situación difícil que vives como sanitario.
  • Es posible que no te apetezca hablar de la situación en tu puesto de trabajo cuando llegas a casa. Informa amistosamente a tus familiares o las personas con las que convivas que no te viene bien hablar del tema y que más adelante es posible que si te apetezca.
  • Si por el contrario hay momentos en los que quieres hablar, será muy beneficioso para ti compartir cierta información de cómo te sientes con compañeros, familiares o personas cercanas.

ACEPTAR LAS EMOCIONES Y REFLEXIONAR SOBRE NUESTRA EXPERIENCIA

  • Ansiedad, miedo, tristeza, impotencia, frustración, ira, inseguridad, culpa, soledad, vulnerabilidad, orgullo. Son todas emociones que pueden aflorar ahora. Es razonable que tengas miedo al contagio. Está bien sentirlas y tienen su función, acéptalas y hazles hueco. Forman parte de ti y de una reacción humana normal ante una situación anómala.
  • Es posible que al final del día se acumulen en tu mente momentos críticos vividos durante el día. Esas vivencias hay que digerirlas. Puedes escribir o hablar sobre ello. Dedícale un tiempo a pensar cómo te sentiste, qué pensamientos te vinieron a la cabeza.
  • Focaliza en los logros. Rememora momentos y situaciones que hayan salido bien a lo largo de la jornada. O que, aunque no hayan salido bien, en algún punto han sido útiles.
  • Ten en cuenta las limitaciones que tenéis a la hora de juzgar tus errores o la “sensación de no llegar a todo”.
  • Intenta potenciar tu sensación de pertenencia a tu equipo. Intenta aportar el apoyo que puedas a tu grupo de trabajo y déjate ayudar. Posibles conflictos o desavenencias en el equipo se pueden tratar si son relevantes para la situación actual, pero si no, mejor dejarlas para más adelante. Podemos hacer explicita una tregua temporal.
  • Comparte tu vivencia. Haced grupos y pequeñas reuniones on line para daros ánimo entre profesionales.
  • Nadie sabe cuándo ni cómo va a acabar esta situación, pero cuando pasen las semanas y los meses obsérvate y pide ayuda profesional si notas alguno de estos síntomas:  ansiedad, sensación de hiperalerta, problemas de sueño, tristeza o embotamiento emocional, problemas relacionales, imágenes intrusivas o falta de energía.

SI ERES SANITARIO Y TIENES HIJOS MENORES O PERSONAS DEPENDIENTES A CARGO.

  • Ten en cuenta que ciertas relaciones familiares pueden estar sumando estrés a la situación, tal vez es mejor, en la medida de lo posible, posponer los conflictos para luego.
  • Algún otro miembro de la familia o alguien cercano puede relevarte en ciertas funciones de cuidado.
  • Habla con ellos e intenta reconocer sus preocupaciones por ti, exprésales que es normal estar preocupado, pero que estás tomando todas las precauciones y que sabes cómo protegerte.
  • Pese a la gravedad de lo que estés viviendo, transmite los datos de forma objetiva: la mayoría de la gente que se infecta pasa la enfermedad de forma leve y se cura.
  • Es posible que te hayas tenido que separar temporalmente de ellos, por lo que intenta tener una interacción diaria con ellos.
  • Exprésales tanto afecto como te sea posible.

PAUTAS PARA LA COMUNICACIÓN DE MALAS NOTICIAS

  • Prepara y elige el entorno. A ser posible en un espacio íntimo, silencioso, sin interrupciones y disponer de tiempo suficiente.
  • Si lo consideramos necesario nos podemos apoyar en otros compañeros.
  • En primer lugar, presentarnos al paciente o familiares, clarificando el motivo de la entrevista.
  • No daremos por sentado que otras personas ya han informado parcialmente al paciente de la situación. Averigua lo que el paciente ya sabe o sospecha.
  • Trata de utilizar palabras y expresiones neutras, sin carga emocional y cerciorándonos de que asimilan la información que les estamos transmitiendo. La información debe ser lo más clara y sencilla que se pueda.
  • Prestar atención a las necesidades que surjan, sin presuponerlas. Clarifícalas y escucha activamente. Procura conocer o intuir cuánta información desea y su grado de asimilación.
  • No proporciones falsas esperanzas ni palabras amables de “ relleno”. Aguanta el silencio en actitud empática, respetando los tiempos necesarios para asimilar el impacto emocional de las noticias. No podemos tener soluciones mágicas.
  • Ofrezcamos otras fuentes de apoyo, sobre todo, dentro de la red familiar y de amigos que puedan acompañar en el dolor a la víctima o familiar.
  • Cuando comuniquemos malas noticias, debemos revisar nuestra propia reacción, y preguntamos ¿Cómo nos encontramos? ¿Estamos en condiciones de continuar haciendo la misma función?
  • Tendremos que poner en marcha los mecanismos para estabilizar nuestras emociones y volver al trabajo

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